La ONG Nueva Vida lanza una campaña en la que muestra las múltiples formas de colaboración que podrían llegar a impulsar ciudadanos, organizaciones, empresas y administración.

La Asociación Nueva Vida forma parte del Sistema de acogida español (SAPI), coordinado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Según su Informe Anual 2021, la entidad atendió el año pasado a 195 solicitantes de protección internacional a través de sus recursos en Cantabria y Bizkaia.

El proceso de integración social al que hacen referencia en su campaña “Yo me comprometo”, tiene que ver con la adaptación de las personas refugiadas al nuevo entorno, pero también con la capacidad y voluntad de la sociedad de acogida de incorporarlos al ámbito económico, social y cultural, contribuyendo entre todos a construir comunidades interculturales.

Así lo explica Julio David García Justamante, Gerente de la entidad, quien sostiene que, aunque las personas o empresas quieran participar de la integración de este colectivo, “muchas no saben cómo hacerlo o creen que no pueden hacer nada para apoyarles”.

Este es el sentido de la campaña, que muestra las diferentes formas de colaborar que podrían llegar a impulsar tanto ciudadanos, como empresas o grupos organizados. Según explican, nos encontramos en un momento en que viejas y nuevas formas de colaborar conviven. Por un lado, hay personas que hacen donaciones económicas o empresas que organizan eventos solidarios y, por otro lado, hay personas que se involucran con el mentoring o empresa que optan por el voluntariado corporativo. “¡Pero aún hay infinitas formas de colaboración!”, insiste Julio.

Para ello han lanzado una plataforma web donde recogen múltiples formas de colaborar y facilitan que este apoyo se produzca.

Según Nueva Vida, hay dos nichos de colaboración sin explotar claramente diferenciados: en primer lugar, el que tiene que ver con facilitar el acceso de las personas refugiadas a servicios básicos como son el alquiler de una vivienda o el acceso al empleo. “Hay que tener en cuenta que los prejuicios y la falta de empatía limitan en no pocos casos el disfrute de derechos fundamentales a las personas refugiadas como es el caso de la vivienda o el empleo”.

En segundo lugar, es necesario explotar las diferentes formas de colaboración en el ámbito cultural, de ocio y tiempo libre. Según Julio David, “se pueden organizar actividades en los mismos recursos de acogida o bien facilitar el acceso a espacios como clubs deportivos, gimnasios, centros de música o arte, espacios culturales…”.

En definitiva, se trata de involucrarse con las personas refugiada, apoyarles en su adaptación y crear oportunidades para que amplíen su red de apoyo, mejorando así su bienestar.

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